Una cafetería de raíz familiar que honra la tradición cafetalera de la Sierra de Otontepec y se perfila como nuevo referente regional. Tres generaciones, un grano veracruzano y un espacio que se convierte en punto de encuentro para viajeros y locales.
El origen de “Constancia”: una historia que comenzó con un aroma.
En Citlaltépec, donde los días empiezan temprano y la vida se teje entre comercio, recuerdos y familia, el nombre Constancia no nació como marca, sino como herencia. Detrás de esta cafetería que hoy reúne a jóvenes, familias y visitantes, late la historia de Doña Constancia Lucas, una mujer que encontró en el café no solo un producto para vender, sino una pasión que la acompañó desde niña.

En su infancia, mientras ayudaba a su madre en el pequeño comercio familiar, Doña Constancia descubrió el encanto de aquel grano aromático que figuraba entre los productos que se ofrecían. Ese contacto temprano, casi cotidiano, sembró en ella un vínculo que más tarde se convertiría en destino.
Fue en 1954, con apenas 20 años, cuando tomó la decisión que marcaría el rumbo de toda una tradición: dedicarse de lleno a la compra y venta de café. No se limitó a comercializarlo; comenzó también a cultivarlo y tostarlo, dando vida a un producto propio que empezó a ofrecer en la plaza de Citlaltépec y poblaciones de la región. Para muchos habitantes, ella fue la primera referencia del café como oficio, como trabajo digno y como sabor identitario.
Hoy, casi siete décadas después, la cafetería CONSTANCIA BARRA DE CAFÉ® honra ese legado. Los descendientes continúan la obra de Doña Constancia con el mismo espíritu: ofrecer calidad, cercanía y un aroma que sigue siendo símbolo de esfuerzo y dedicación. Cada taza servida es un homenaje a esa mujer que convirtió la constancia en virtud, motor y apellido comercial.
Un punto de encuentro en Citlaltépec: donde el café junta historias.
Si Citlaltépec tiene un espacio donde la vida cotidiana se detiene un momento para conversar, respirar y reencontrarse, ese lugar es Constancia. Su ubicación céntrica convierte la cafetería en un punto natural de reunión: jóvenes que hacen una pausa entre actividades, maestros que preparan clases o revisan cuadernos, familias que buscan un rato de descanso y trabajadores que encuentran en una taza caliente un respiro después de la jornada.
En este pequeño rincón del municipio, las mesas han visto desde reuniones improvisadas hasta tareas escolares, pláticas largas que se alargan sin prisa y trabajos frente a una laptop que avanzan mejor con el aroma del café recién molido. Constancia se ha vuelto un microcentro cultural sin pretenderlo: un espacio sencillo, cálido, cotidiano… pero necesario.
La experiencia también se sostiene en su barista y personal de cocina, cuya presencia se ha convertido en parte de la identidad del lugar. Los clientes los mencionan con nombre y elogian su trato:
“Es un excelente lugar para degustar café en sus diferentes presentaciones. José Luis los atenderá con la mejor actitud y atención profesional.”
Otro visitante resume la esencia en pocas palabras, pero con precisión:
“Lo mejor del café… pocas veces atención como la del barista.”
Y aunque los gustos pueden ser amplios, hay algo en lo que coinciden quienes llegan: Constancia es un sitio para quienes aman el café, o para quienes quieren descubrirlo por primera vez con guía experta.
Así, entre conversaciones, reuniones familiares y el ir y venir del pueblo, esta cafetería se ha convertido en una especie de sala común de Citlaltépec, donde cada día se escribe un pedacito más de la vida local.
Tres generaciones y un mismo aroma: la familia que convirtió el café en legado.
Si algo distingue a Constancia de otras cafeterías en la región es que su historia no pertenece a un solo momento, sino a tres generaciones completas que han mantenido vivo el oficio, la pasión y el sabor que inició Doña Constancia Lucas hace más de medio siglo. Lo que empezó como una actividad de compra, venta y tostado artesanal, hoy es un proyecto familiar consolidado a cargo del Ing José Luis Alejandre Osorio quién continúa la misma ruta marcada por su familia fundadora: trabajo, calidad y compromiso con la comunidad.

La familia, lejos de conformarse con sostener la tradición, ha dado un paso más: ahora comercializan su propia marca de café Citlamex, una empresa 100% de Citlaltepetl, en distintas variedades, un producto que representa tanto su identidad como su visión. Pasaron de vender aquel café tostado en la plaza a convertirse en productores con una oferta especializada, adaptada a los paladares que buscan delicadezas aromáticas, tuestes precisos y notas definidas.
Su mayor reto no ha sido la competencia ni las dificultades típicas del emprendimiento rural, sino algo mucho más sutil y cultural: ofrecer una barra de café de especialidad en un municipio pequeño, donde la experiencia está pensada para gustos específicos y, a veces, desconocidos para muchos. Pero ese mismo desafío se ha convertido en fortaleza. Constancia abrió una puerta a nuevas formas de consumir café en Citlaltépec, educando al cliente local e inspirando a otros negocios de la región.
El impacto económico es tangible: han generado empleos directos, impulsado la inversión local y se han convertido en un motor económico para Citlaltépec y para los municipios cercanos, atrayendo a visitantes que buscan probar su café o llevarse un paquete a casa. A nivel identidad, su presencia representa un orgullo comunitario; un recordatorio de que, aun en las ciudades pequeñas, pueden nacer historias grandes cuando detrás hay constancia… y buen café.
El menú que define a Constancia: del espresso intenso a los sabores familiares de la región.
En Constancia, el menú es un recorrido por diferentes formas de disfrutar el café, desde las más clásicas hasta las más creativas. La barra ofrece preparaciones que van desde un afogatto sedoso, un macchiato preciso, un shot de espresso cargado de carácter, capuchino tradicional o el siempre querido café de olla. Para quienes buscan opciones más ligeras o bebidas para toda la familia, también hay malteadas frías, aguas frescas del día y preparaciones pensadas para todos los gustos.
Aunque cuentan con distintos métodos de extracción —desde técnicas manuales hasta opciones modernas—, el corazón de la experiencia sigue siendo el espresso, la base desde la cual se revelan los matices del café gourmet que sirven: un grano 100% veracruzano, de tueste intenso, sabor amargoso equilibrado y esa nota aromática profunda que caracteriza a los cafés de altura del estado.
Pero Constancia no solo se disfruta en taza. Aquí también se sirven platillos típicos de la región, una combinación que convierte cada visita en una experiencia completa: el café como protagonista y la comida local como un abrazo que complementa el sabor. Este equilibrio entre calidad, tradición y sabor hace que la cafetería destaque: ofrece café de especialidad con un toque accesible, directo y honesto, pero sin renunciar a la identidad gastronómica del pueblo.
Voces de la comunidad: la reputación que sostiene a Constancia
La reputación de Constancia no se construye con publicidad, sino con voces. Voces que entran, prueban, regresan y comparten. Los comentarios de los clientes no solo hablan del sabor, sino del ambiente humano que se respira en este pequeño rincón de Citlaltépec.
Una visitante lo resume así:
“Aquí sí sabe a café.”
Un elogio simple, directo, pero poderoso para un lugar que presume un grano 100% veracruzano y un espresso que despierta incluso a los paladares más exigentes.
Otra opinión destacada menciona la experiencia con el barista, José Luis:
“Pocas veces encuentras una atención como la de su barista. Aquí el café se explica, se comparte y se disfruta.”
Y también hay quienes descubren aquí una puerta a un mundo nuevo:
“Un sitio ideal si eres amante del café, o si quieres empezar a explorar sabores y métodos de especialidad.”
Pero además del sabor, algo distingue profundamente a Constancia: su ambiente amable. Los clientes coinciden en que, aun siendo desconocidos, los comensales se saludan entre sí. Es un lugar donde la cortesía cotidiana no se ha perdido, donde la comunidad se reconoce y donde un forastero se siente en casa después del primer sorbo.
Esta mezcla de cercanía local, calidad profesional y un café que honra a Veracruz, ha permitido que Constancia empiece a llamar la atención más allá del municipio. Hoy, es una voz del café veracruzano que representa a Citlaltépec con orgullo.
Un motor económico y social para Citlaltépec y su región.
Hablar de Constancia es hablar de un negocio que, sin aspavientos, sostiene parte del movimiento económico y social de Citlaltépec. No se trata solo de una cafetería: es un punto que genera trabajo, dinamiza la economía local y mantiene encendida la cadena productiva del café local. Su presencia representa oportunidades para familias del municipio y para productores, impulsando un modelo de consumo que beneficia directamente a la comunidad.
La cafetería participa activamente en ferias, eventos municipales, actividades de activación económica e iniciativas locales, integrándose como un actor constante en la vida pública del pueblo. Su participación no se limita a vender café; también fortalece la identidad cultural de Citlaltépec, promoviendo el consumo responsable, los productos veracruzanos y el valor de emprender desde lo local.
Pero el impacto de Constancia no se queda en el municipio. La cafetería ha comenzado a atraer visitantes de localidades cercanas como Tempoal, Chontla o Tantoyuca, y también a viajeros que llegan por recomendación o simple curiosidad. Yo mismo —originario de la Ciudad de México— llegué como visitante esporádico y terminé convertido en cliente. Eso dice mucho del lugar: del sabor que enamora, de la hospitalidad que abraza y de la identidad que ahí se respira.
Constancia se ha convertido en un pequeño polo de encuentro regional: un espacio donde convergen historias, rutas y personas que encuentran en una sola taza de café un motivo para detenerse, regresar y recomendar.

Constancia en el mapa del turismo rural: un alto obligado en la Sierra de Otontepec
Citlaltépetl —rodeado por la Sierra de Otontepec y sostenido por una economía donde la tierra y las manos campesinas lo significan todo— es uno de esos municipios donde el café no es solo un cultivo: es historia e identidad. Entre maizales, parcelas de frijol y chile, y los oficios artesanales que dan forma al barro y a la madera, el café ha sido durante décadas uno de los pilares que ha permitido que muchas familias prosperen y mantengan viva una tradición que trasciende generaciones.
En ese contexto, Constancia se convierte en algo más que una cafetería: es un puente entre la producción cafetalera de la Sierra de Otontepec y el visitante que busca una experiencia auténtica. El café que se sirve aquí nace de estas montañas, de las mismas que han sustentado la economía local y que, gracias a sus condiciones climáticas y altitud, producen granos de una calidad reconocida en la región.
El municipio recibe principalmente turismo familiar y de naturaleza, un flujo discreto pero constante de visitantes que llegan atraídos por sus paisajes, sus ríos y su tranquilidad. También por su vida comunitaria: la fiesta patronal de Corpus Christi, celebrada en junio, es uno de los eventos más esperados del año. Ahí convergen misas, danzas, ferias, juegos mecánicos y venta de comida típica, convirtiendo al pueblo en un punto de encuentro familiar y religioso. A esto se suma su participación en festividades de mayor escala como el Festival de la Huasteca, donde la música huapanguera, las danzas agrícolas y la gastronomía tradicional muestran la riqueza cultural de la zona.
En temporadas festivas, la derrama económica local aumenta: venta de comida, artesanías, insumos, hospedajes familiares y consumo en comercios. En ese paisaje económico, Constancia se ha consolidado como parada recomendada tanto para los locales como para quienes vienen de municipios vecinos e incluso para viajeros de otras ciudades. Yo mismo, viniendo desde la Ciudad de México, encontré en Constancia una sorpresa: un café intenso y honesto que no esperas descubrir tan lejos de las rutas habituales del turismo.
Hoy, la cafetería se posiciona como una pieza importante dentro del pequeño pero significativo Citlaltépetl. Su papel es claro: dar sabor a la experiencia, ofrecer un descanso al viajero y, al mismo tiempo, honrar la tradición cafetalera veracruzana desde un municipio que sigue resistiendo, celebrando y compartiendo sus raíces.








