Tuxpan: El experimento mexicano que podría reescribir la geografía del desarrollo
Por: Redacción AD
Confieso que, como muchos, durante años asocié a Tuxpan con playas tranquilas, pescadores generacionales y ese sol del Golfo que parece fundirse con la brisa del trópico. Pero hoy, compruebo que Tuxpan ya no es sólo postal, es también promesa.
La firma del convenio para instalar el primer Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar (PODEBI) aquí no es un acto más de protocolo. Es, en esencia, la apuesta más ambiciosa del México moderno por descentralizar la prosperidad. Y si bien aplaudo la visión de Sheinbaum y Nahle por sincronizar esfuerzos federales y estatales, celebro aún más la eficacia quirúrgica con la que el gobierno municipal de Jesús Fomperoza ha ido derribando los muros de la tramitología, aplanando terreno –literal y figuradamente– para el futuro.
Este plan no se queda en discursos. Ahí están las cifras: 233 hectáreas urbanizables, deducciones fiscales del 100%, 25% adicional en capacitación e innovación, y un nearshoring que, bien administrado, puede atraer inversiones históricas. Pero más allá de los números, lo que emociona es el cambio de lógica: ya no se espera que los jóvenes tuxpeños migren a Monterrey o Querétaro para encontrar un empleo digno. Ahora, es el empleo el que está llegando a su puerta.
¿El secreto? Conectividad y energía. La Autopista México-Tuxpan ha acercado el Golfo al corazón del país, y la CFE está haciendo su parte con dos centrales de ciclo combinado que garantizan una oferta energética robusta. Esta sincronía logística es lo que puede convertir a Tuxpan en el nuevo hub logístico del Golfo, disputándole a Houston un pedazo del pastel portuario.
Pero sería irresponsable no mencionar los desafíos. Profundizar el puerto no es poca cosa: exige una coordinación milimétrica, inversión multimillonaria y una relación madura con el medio ambiente. Porque sí, la sustentabilidad no es un apéndice: es una condición. El éxito del puerto profundo dependerá tanto de sus canales de dragado como de los corredores biológicos que lo rodean.
También está el reto de formar capital humano. No basta con que lleguen empresas; necesitamos que encuentren aquí talento calificado. Celebro, entonces, iniciativas como el taller “El Talento como Motor de Desarrollo Local” con el Tec de Monterrey y empresarios locales. Si la educación y la industria caminan de la mano, Tuxpan dejará de ser un polo aspiracional para convertirse en uno funcional.
Y aún hay más. La diversificación económica –con apuestas en energía renovable y turismo de naturaleza– revela que el municipio no está poniendo todos los huevos en la canasta industrial. Bien por eso. No hay prosperidad duradera sin equilibrio.
En suma, lo que ocurre en Tuxpan no es una casualidad: es resultado de voluntad política, visión estratégica y una coordinación poco común en el México fragmentado al que estamos acostumbrados. El reto ahora es sostener el ritmo, blindar el proyecto contra la corrupción y la improvisación, y, sobre todo, no perder de vista que el desarrollo no se mide en hectáreas urbanizadas, sino en calidad de vida.
Desde aquí, desde el corazón de un Tuxpan que ya empieza a latir con fuerza industrial, puedo decir que este experimento tiene todo para reescribir la geografía del bienestar mexicano. Ojalá no nos fallemos.

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